
La fragilidad como forma – el universo de Guy Van Leemput
En el delicado equilibrio entre control y azar, el trabajo de Guy Van Leemput desafía los límites de la porcelana.
Sus piezas, tan finas que parecen casi imposibles, son el resultado de un proceso lento, preciso y profundamente intuitivo, donde el material, el tiempo y el fuego se convierten en colaboradores.
En esta conversación, el ceramista belga nos invita a entrar en su universo creativo: un espacio donde la fragilidad no es debilidad, sino una forma de explorar hasta dónde puede llegar la materia — y uno mismo.
Guy, tu trabajo es muy reconocible: esas piezas extremadamente finas, casi imposibles. ¿Cómo empezó todo?
Curiosamente, empezó con las matemáticas. Durante años fui profesor, pero la cerámica siempre estuvo presente. Llegó un momento en que decidí seguir esa intuición más profundamente. La cerámica no fue una decisión racional… fue más bien una llamada.
¿Qué relación hay entre las matemáticas y tu cerámica?
Más de la que parece. Las matemáticas me enseñaron a observar patrones y estructuras eficientes: cómo crear algo fuerte con la mínima materia. En mis piezas, esa lógica se combina con algo mucho más intuitivo. Siempre digo: el corazón dicta la forma, la cabeza toma las decisiones.
Tu técnica es bastante única. ¿Puedes explicarla?
Trabajo con porcelana extremadamente fina, construida a menudo sobre un globo. Es un proceso muy lento: cada día puedes añadir muy poco material, y una pieza puede tardar semanas. Luego viene el momento clave: el horno. Las piezas se cuecen incluso boca abajo, dejando que la gravedad y el calor participen en el resultado.
Suena como si no lo controlaras todo…
Exacto. Y eso es lo interesante. Hay un equilibrio entre control y dejar ir. El fuego, la gravedad, el tiempo… son colaboradores. No es solo técnica, es aceptar que no todo depende de ti.
¿Qué buscas transmitir con tus piezas?
Cuando abro el horno y una pieza ha sobrevivido… hay un momento muy emocional. Es casi silencioso. Mi objetivo es que quien vea la pieza sienta algo parecido. No es solo un objeto, es una experiencia condensada.
Has trabajado en China, expuesto internacionalmente… ¿qué has aprendido de ese recorrido?
Que la cerámica es un lenguaje universal, pero cada cultura tiene su ritmo. En Jingdezhen, por ejemplo, entiendes el peso de la tradición. Eso te hace más humilde… y más libre al mismo tiempo.
Hablas mucho del tiempo y del proceso lento. ¿Por qué es tan importante?
Porque vivimos en una cultura de inmediatez. La cerámica te obliga a ir despacio. Para mí, trabajar con arcilla es como yoga para la mente. Es una forma de estar presente, de respirar con el material.
¿qué puede esperar quién asista a uno de tus workshops?
No solo aprender una técnica. Aprenderá a observar, a tener paciencia, a aceptar el error como parte del proceso. Y, sobre todo, a confiar en algo que no se puede controlar del todo.
¿Qué hace especial tu enfoque frente a otros ceramistas?
Creo que es esa combinación: precisión matemática y vulnerabilidad en el proceso. Busco el límite — trabajar con la menor cantidad de material posible sin que colapse. Ahí es donde ocurre la magia.
Más allá de la técnica, el trabajo de Guy Van Leemput nos recuerda que la cerámica —como cualquier proceso creativo— es un ejercicio de equilibrio entre intención y entrega. En un mundo que premia la inmediatez, su práctica propone lo contrario: detenerse, observar y confiar en lo que no se puede controlar. Quizá ahí reside la verdadera fuerza de sus piezas —y también la invitación que deja abierta a quienes se acercan a su trabajo.
Una invitación que muy pronto tendremos la oportunidad de explorar de cerca en ElTorn, donde Guy compartirá su proceso en un completo workshop. Clica aqui y dejanos tu email si quieres que te avise con antelacion sobre el programa y fechas.
Un abrazo! Paula
